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Postres · Galletas
Las galletas digestive pertenecen a una tradición británica nacida en Escocia en el siglo XIX: el nombre aludía al bicarbonato de la masa, al que se atribuía un efecto digestivo.
Fibra 0.9 g · Azúcares 2.7 g.
Empezamos mezclando la mantequilla con el azúcar. Cuando ya está bien integrado añadimos la sal y el bicarbonato.
Trituramos los copos de avena de manera que quede como una harina no demasiado fina y vamos añadiendo a la mezcla anterior. Vamos amasando.
Incorporamos poco a poco la harina, la levadura y luego la leche.
Acabamos de amasar con las manos hasta que podamos formar una bola que no se nos pegue en las manos.
Envolvemos la bola en film transparente y la introducimos en la nevera durante una hora.
Transcurrido el tiempo sacamos la mitad de la bola y la ponemos sobre un papel de hornear ligeramente enharinado. La aplanamos con un rodillo, dejándolas de un grosor de 0’6 cm.
Utilizaremos un cortapastas de 6 cm. A medida que las cortamos las vamos colocando en una bandeja de hornear sobre la que hemos colocado papel de hornear.
Seguidamente sacamos la otra mitad de la bola y procedemos de la misma manera.
Saldrán unas 18 galletas.
Horno precalentado a 180º calor arriba y abajo durante 10 minutos, seguidamente ponemos el turbo y 4-5 minutos más.
Las sacamos y las dejamos enfriar. Mientras, fundimos el chocolate al baño María.
Seguidamente vamos cubriendo de chocolate todas las galletas. Va bien hacerlo con una cucharita, cubriendo bien la galleta pero dejando libres los bordes.
Dejamos que el chocolate se enfríe y endurezca y listas para consumir.
Bon profit!
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Todavía no las he hecho, pero las he probado y puedo dar fe de que son unas galletas extraordinarias
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